No me quedo en el camino.
Aquí estoy en casa, de vuelta de Lanzarote, menudo mayo me tenía preparado el destino. No sé si el destino o el mero camino. Recuerdo el mes de febrero, una mañana cualquiera salí a entrenarme en bici y casi no regreso a casa. Bajaba un puerto de montaña como de costumbre, en la cabeza rondaban las mismas cosas de siempre, pensaba, "ahora mi hijo está en el cole, Ángela estará de camino a la piscina a recogerme y mi hermano andará trabajando para luego entrenar por la tarde, Carmelo al igual me cruzo con él si salió en bici hoy al sur, si no, pues ya le llamaré esta tarde, pensaba". Unos metros después tras girar a la derecha fue visto y no visto, lo único que recuerdo es un tremendo golpe en la cabeza y mucha sangre en la nariz, había destrozado el parabrisas de una furgoneta, desorientado en el suelo de repente me veo luchando debajo de ella para que no me pillen las ruedas. La pierna enredada resiste la torsión y doy gracias a dios que el coche ha parado y no he escuchad...